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Teniéndote entre mis brazos soy más feliz
29 de enero de 2012 | 2:53 p. m. | 0 Comentarios
Mientras le acariciaba el pelo pensaba que nada tenía sentido. Pensaba que sus dedos, a la vez que pasaban entre mis delicados mechones, se enredaban; que cada mirada que cruzabábamos escondía una lágrima; que, cada vez que juntábamos nuestros labios, el sabor dulce se volvía amargura. ¿Porqué debíamos estar juntos si cada cosa que nos unía se consumía poco a poco? ¿Porqué debíamos amoldarnos tanto el uno al otro y dejar de ser nosotros mismos? Tomó una decisión: se alzó hacia el cielo, se izo grande y consiguió que con una desfallecida sonrisa descifrara sus propósitos. Se marchó, cogió su colonia para los días importantes y la de los días sobrios; metió en su bolsa el cepillo de dientes, sus chaquetas de colores apagados, sus zapatos grandilocuentes, sus retratos y lo más importante: metió en su bolsa aquel pedacito de amor que un día me entregó. La echo de menos, pero he de reconocer que la vida es más tranquila, que no dependo de nadie, que ya no me importa lo que piense la gente, que no temo a la oscuridad pero si pudiera volver con ella, volvería. |